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Una de las celebraciones más esperadas del año por los habitantes de la ciudad de Orense, Galicia, es el Carnaval, se trata de una de las temporadas más divertidas del año, ya que durante cinco días continuos solo tienen cabida la alegría, la fiesta y la convivencia, todos se dejan llevar por el espíritu del entroido, absolutamente todos.

Semanas antes, familias, grupos de amigos y asociaciones culturales, se preparan para disfrutar al máximo su gran fiesta. Cada persona prepara al menos tres disfraces que pueden ser comprados, hechos a mano o de material reciclado, la creatividad es el límite. El atuendo es cosa seria y una vez que se porta, hay que desempeñar bien el papel hasta las últimas consecuencias. Como aquel que se disfrazó de radar de velocidad y pasó media noche en una avenida principal lanzando flashes y causando disgustos a los forasteros que llegaban en coche, según cuentan algunos lugareños.

No se tienen datos precisos acerca del origen de estas celebraciones, se sabe que en la temprana edad media la población dedicaba los días previos a la cuaresma, a la fiesta, el desfogue y la diversión sin límites. Luego vendría el periodo de penitencia, recato y abstinencia.

La noche del sábado de carnaval es la más espectacular y sorprendente en la capital orensana, la cual conservan mucha de su arquitectura romana y medieval. Ese día, da la impresión de haber cruzado una puerta hacia algún lugar de fantasía donde todo es posible. Las calles, plazas, bares y restaurantes son escenarios para cuadros imposibles: Barack Obama sentado en la mesa con un pokémon y Cantinflas, mientras Michael Jackson se toma una cerveza con un dálmata y Leonardo da Vinci.

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Por las barras de los locales, corre a raudales el licor café, el vino Mencía D.O. y la cerveza Estrella de Galicia, es para asegurar que el ánimo no decaerá en toda la noche. También, se suele cenar o tapear de forma contundente: lacón, careta de cerdo, chorizos o un buen cocido gallego. Mientras todo esto se degusta, guitarras, acordeones y gaitas suenan para acompañar cantos tradicionales y algunos más modernos. Los orensanos son excelentes anfitriones, en su fiesta acogen alegremente a los forasteros y los invitan a unirse a las cuadrillas (pandillas).

La convivencia y ‘pasarlo bien’ es lo más importante, no es raro que grupos de amigos elijan una temática en común para la ejecución de sus disfraces. Así, es posible encontrar, a media calle (se cierra el tráfico en todo el centro), una gran mesa en la que se hayan sentados una docena de apóstoles representando la “Última Cena”. O a una familia de tres miembros haciendo de abuelita, lobo feroz y caperucita roja. Es común ver grupos de vecinos haciendo de pasajeros de montaña rusa, o encarnando un ejército completo de Star Wars. En solitario también se vale, como un oriundo que el año pasado se vistió de domador de bestias y de vez en cuando se tiraba al suelo para interpretar una feroz lucha con un tigre de peluche, mientras la gente a su alrededor fingía horrorizarse.

Ya entrada la noche, hacen su aparición las orquestas y charangas que imponen el ritmo de un baile fabuloso y desinhibido en que se divierten por igual marcianos, animales, gnomos, payasos, reyes, presidentes del mundo, estrellas de televisión y algún esperpento irreconocible. Todos bailarán hasta que el cuerpo aguante. ¡Qué viva el carnaval!

Más información de carnavales en España: http://www.panibericana.com/

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