Este invierno, Courchevel 1850 sumará una nueva dirección a su escena hotelera con la apertura de Saint Roch, el quinto establecimiento de Maisons Pariente. El hotel abrirá el 18 de diciembre en la pista de Bellecôte, a pie de pistas y a pocos pasos del centro de la localidad.
Institución histórica de la estación, Saint Roch renace bajo una nueva identidad que busca interpretar la montaña desde una perspectiva más íntima. La propuesta combina la intensidad del paisaje alpino con interiores cálidos, materiales naturales y referencias que evocan las dachas eslavas, los antiguos reinos persas y las rutas comerciales que conectaron Oriente y Occidente.
Más que como un hotel convencional, Saint Roch fue concebido como una casa. La idea se refleja en espacios que privilegian la sensación de habitar sobre la de simplemente alojarse. Maderas patinadas, terciopelos, piedra, bronce, obras de arte y piezas artesanales construyen una atmósfera envolvente, mientras que una iluminación suave acentúa las texturas y los detalles.

La arquitectura está a cargo del estudio Virginie Friedmann & Delphine Versace, que desarrolló el proyecto a partir de un diálogo entre patrimonio, artesanía y creación contemporánea. El resultado busca que la arquitectura pase a un segundo plano para que sean la materia, la luz y las sensaciones las que definan cada espacio.
Las referencias culturales aparecen de manera sutil. Las dachas orientales aportan su carácter acogedor; la Ruta de la Seda inspira la mezcla de materiales, técnicas y objetos procedentes de diferentes lugares. Vidrieras de ágata del Atelier Toporkoff, frescos de mosaico de Pierre Mesguich, cerámicas de artesanos franceses y obras de arte seleccionadas especialmente para el proyecto forman parte de esta colección de objetos y recuerdos.
Una casa en las alturas
Saint Roch contará con 37 habitaciones y suites, concebidas como espacios de vida en los que los huéspedes puedan instalarse y disfrutar del tiempo. Desde las categorías superiores hasta el Penthouse, el lenguaje interior mantiene una combinación de madera, terciopelo, seda, mobiliario diseñado a medida y piezas seleccionadas con espíritu de coleccionista.
La paleta incorpora tonos profundos como marrón tabaco, rojo granate, verde musgo y azul noche, acompañados por estampados de cachemira y marqueterías de madera.

Las suites ofrecen espacios amplios y comunicados entre sí, una configuración especialmente pensada para familias y grupos que buscan combinar convivencia e intimidad. En la última planta, el Penthouse puede privatizarse por completo y funciona como una auténtica casa de montaña, con un salón alrededor del cual se articulan los momentos de descanso y convivencia.
El bar y el restaurante prolongan esta idea de casa habitada. Después de una jornada en las pistas, el fuego, los sofás y una taza de chocolate caliente se convierten en parte de una experiencia que privilegia las conversaciones y el encuentro.

Un spa inspirado en Oriente
El bienestar ocupa otro de los espacios centrales del proyecto. El spa, firmado por Tata Harper, contará con piscina cubierta y área fitness, además de una ambientación inspirada en los hammams otomanos y los palacios del Cáucaso.
Arcos suaves, mármoles de vetas marcadas, mosaicos y una paleta de ocres, óxidos y azul noche crean un ambiente que contrasta con el paisaje alpino exterior. La inspiración en las antiguas rutas de caravanas aparece nuevamente como las noches del oriente.



